Valladolid

Condenan por intrusismo al propietario de la Clínica Goya de Valladolid 

El Juzgado de lo Penal nº Tres de Valladolid, en sentencia de fecha cinco de enero de dos mil doce, ha condenado a JUAN CARLOS CASTRODEZA PÉREZ como autor responsable de un delito de intrusismo del artículo 403, párrafo primero, inciso primero del Código Penal, sin la concurrencia de circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, a la pena de seis meses de multa con una cuota diaria de doce euros.

Los hechos que justifican la condena son los siguientes:

Juan Carlos Castrodeza Pérez, protésico dental, propietario y Gerente de la Clínica ORAL GOYA, con sede en la Carretera de la Esperanza, nº 87 de Valladolid, realizó en dicha clínica, desde septiembre de 2006 hasta el primer trimestre de 2008, tareas propias de un odontólogo en el tratamiento a un niño de 9 años (al inicio del mismo) que presentaba mordida anterior abierta y compresión del maxilar, con patrón de crecimiento facial vertical severo”.

“El acusado llevó a cabo personalmente, pese a carecer de titulación que le habilitara para ello, la exploración de la boca del menor, ordenó la realización de una ortopantomografía, que le fue realizada en la propia clínica y prescribió la colocación de dos placas interdentales, que le fueron colocadas el 11 de octubre de 2006, y que él mismo ajustaba en revisiones periódicas posteriores, entre ellas el 18 de enero, el 22 de febrero, el 24 de mayo, el 28 de junio de 2007, y otras posteriores hasta los primeros meses del año 2008, realizando también al menor un empaste o sellado de premolar”.

Según señala la sentencia “ha resultado patentemente inútil el intento del acusado de refugiarse en el hecho de disponer en la clínica de varios odontólogos, y de que fue la doctora Dolores Varela quien trató en todo momento al menor, prescribiendo el tratamiento, aún cuando en la Clínica del acusado trabajen, por tenerlos contratados, varios odontólogos, no excluye que el acusado pudiera ejercer actos propios de tal profesión como así sucedió en este supuesto, los testigos, madre e hijo son claros en sus testimonios, siendo con el acusado con quien mantienen contacto directo y continuado en el tiempo durante el tratamiento, sin que quepa lugar a confusión alguna”.

La acusación particular ejercida por el Colegio y la Fiscalía también acusaba, al ahora condenado, por un delito de lesiones por imprudencia, que no se ha podido acreditar suficientemente según el Juzgado, y del que ha sido absuelto.

 
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